miércoles, 7 de abril de 2010

Un otoño más

Llega un nuevo mes de abril, el número 30 nos empieza a mirar a reojo así como que zonzeando, tanto que incluso más de un amigo está pronto para dar el gran paso. Entre todo eso miro fotos viejas en las que veo risas, abrazos, besos, rostros lampiños, cuerpos más delgados: adolescencia. Sigo viendo más fotos, veo un tipo de pelo castaño, mirada seria, gafas de milico (estilo Rayban aviador), un bigote negro y pronunciado, abraza a una chica de cara circular, pelo desmechado, unos 15 cm más baja que él, pero que lo domina, y lo dominará para el resto de sus días. A su edad, tal vez, pensaron que esos rostros se mantendrían asi de forma eterna; yo pienso que mi rostro está igual, que soy el mismo de siempre. Miro las mismas fotos con una amiga, y me dice "estás hecho mierda". Irónica, hermosa la nena. Se viene un abril más.

viernes, 12 de marzo de 2010

La poderosa


No era un auto ostentoso. Hace meses que me vengo acordando de ella, y bueno le debía un post. La poderosa era una doble cabina Dacia, que tenía una caja tapada de toldos negros. Fue nuestro transporte a la lujuria, a la gloria, a tardes increíbles con Crandon U. y a noches fatales en diversos antros bailables que concurríamos en forma de habitues. La poderosa era gris, con asientos chicos, que cuando eramos 5 nos dejaba apretadísimos. La butaca o sillón del conductor -y qué conductor (uno de nuestros más grandes maestros)- si apretabas mucho con las rodillas desde atrás, tenía un fierro cortante como para no molestar al maestro Negro. La radio era una cosa increíble, tenía personalidad propia, no sólo cambiaba de emisora cuando le pintaba, sino que también pasaba los mejores hits del momento: Chocolate, Los fatales, Amar Azul, Chili; ya fuese que viajáramos a noches bolicheras o canchas de fútbol. La poderosa no pasaba los 60 km por hora, era el auto gris más lento de todo Montevideo, pero fue el auto gris que marcó una etapa de la vida de nuestro grupo de amigos. Lamentablemente, como pasa a menudo, los amigos de lo ajeno se llevaron La poderosa, raro, ya que era un auto destartalado y no muy estético, pero tal vez los chorros conocían su mística.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Kichefuchefu


En las líneas que siguen experimentarán el sabor de un vómito. Todo lo que la sensación nauseabunda trae consigo: dolor, desagrado y hasta cierto grado de desconcierto, un mareo quizás. Nos remite a un problema, a la consecuencia de éste, al vacío que deja ésta consecuencia, a una reacción instintiva y a una exhaltación del orgullo personal. El vómito es del "Cocata", un amigo que expresó notablemente su desdicha, su primer paso como le dijo un sabio, para hacerse un poco más duro.

”Hay alguien”, y el recorrido nervioso de sus primeras lagrimas encontró los labios justo cuando volvían a soltarlo, -“hay alguien, y lo conocí…”- ya no pude procesar el resto, la reacción de mi cuerpo me aturdía demasiado, me anulaba por completo; el sonido seguía vibrando de fondo, un eco bastante pesado, espeso.

No fue un nudo en la garganta, más bien empezó en el pecho y sentí con claridad como se expandía desde ahí tomando rápido el resto, el ardor helado, los músculos blandos, un colapso cercano y treinta imágenes por segundo, anulado. Intenté recomponerme para evitar peores y escupí cualquier pregunta adolescente que alcanzaba a elaborar como insinuando cierta indiferencia sobre esa realidad, pobre y bastante evidente, triste. Ya no pude razonar, el pulso se trasladó a la nuca y giró con su ritmo sobre los dos tímpanos, aturdido, no alcanzaba a escuchar nada de lo que seguía explicando.

“Pero yo te amo!...” volví a escupir sin meditar esa primer sensación que intentaba tener algo de lucidez, y ahí caí en la realidad estéril de mi último argumento, como si tuviera valor metafísico, supernatural o fuera capaz de extinguir definitivamente lo generado por otro hombre en ella, infantil. Fue el último recurso, un reflejo no muy digno de esgrimir.

Quizás el tercer impulso fue el más sensato, ya con la vergüenza explicita y sintiéndome moneda de cambio, junté el poquito orgullo que aún me regalaba la situación para entregarme espontáneo al próximo movimiento. Acomodé la expresión del rostro, nos dimos ése abrazo y empecé a caminar con la inercia extraña de la mente en blanco, me fui sólo, digiriendo el desconcierto el resto del camino.

lunes, 8 de febrero de 2010

Seminare o Seminaré, como quieran llamarle

Todas las historias tienen un comienzo, pero la que les quiero contar por suerte no tiene final, digamos que recién se empieza a escribir. Quien escribe no fue protagonista, qué esperanza, es actor de reparto.

Hará 5 o 6 veranos atrás, él se moría por ella (algo que pasa en reiteradas ocasiones). Él le cantó infinitas melodías con signifacdos extraños:

"Esas motos que van a mil, sólo el viento te harán sentir"

Todos nos miramos, nunca pudimos entender dicho mensaje, por momentos pensamos que eran cantos de desesperación.

"Nena nunca te voy a dar lo que me pides"

Pasaron los años, ella murió por él, él también por ella, así de una forma exponencial que a todos nos llamó la atención.

"Si pudieras olvidar tu mente frente a mi, sé que tu corazón diría que sí."

Y no más hace unos días dieron el primer paso hacia la formalidad. Declararlo en público lo vimos hace añares, en aquel pub oscurito, en un silla con su guitarra y su voz, justo en frente de la casa actual de ella... Hoy empiezan a caminar juntos, no sé qué será, pero bue, será Seminare o Seminaré, como quieran llamarle.

miércoles, 20 de enero de 2010

Brotherhood Cocatera

Misterioso viaje,
comenzó con incertidumbre.
Un festejo, muchos amigos,
varias paredes,
2 de madera y cartón
3 de hormigón.
Un lugar místico,
sin denominación.
El dios cocatero,
apareció al caer sol,
se mezcló con el alcohol,
la lujuria y la noche iluminada:
había luna llena.
Con el Alba,
los muchachos amanecieron,
el cocatero denominador gritó fuerte:
"Corishkaique Cocata".
El resto lo miró,
no entendieron,
tenían que pasar los días para comprender aquel grito.
El cocatero porteño
al mediodía llegó,
un totem armó en honor al dios,
sin entenderlo muy bien.
Arena y sol,
el mar azul (obvio).
Atardecer, violeros maravillosos cocateros,
compañías de diversos orígenes,
rasgos, bellezas y olores.
Las velas, el cocatero cocinero,
maestro de los sabores,
exquisitas degustaciones
de vista borrosa.
Una diosa rubia
empieza con Z, burbujeó
al son de las velas y cantarolas.
Al pueblo los guió,
de donde venían
guturales sonidos,
eran tribus, clanes
moviendose por el rey melodía:
tizón del misterioso lugar.
"Corishkaique Cocata" gritó,
el cocatero narrador, así lo siguió
el cocinero, el maravilloso, el gordo,
el porteño, el denominador y
el violero.
Emprendieron travesía,
nueva fiesta tribal,
más de 30 leguas en las dunas,
guiados por el elixir de la miel
y de la blonda burbuja.
Un gran fogón, mucha arena,
sonidos de la diosa violacia,
aborígenes danzas circulares al fuego,
el maravilloso cortado y
30 leguas de vuelta.
Volvió la playa,
el cocatero esteño, el cocatero gordo,
su fiesta, y qué fato!
El buen rollo,
se siguió armando el totem,
el dios cocatero felíz,
abrazos varios,
amistades reforzadas
"Corishkaique Cocata",
gritó cada uno de los integrantes,
cada uno de los amigos,
cada uno de los hermanos cocateros.

martes, 15 de diciembre de 2009

Natural


Qué cosa extraña la sensación de la pérdida, cómo nos afecta, cómo nos duele, pero es una experimentación que tenemos desde el primer minuto que nuestras viejas nos dan a luz. Naces, lloras y lo primero que perdés es el cordón umbilical. Pataleamos, pero no somos concientes, gritamos aún más cuando en menos de 2 minutos cerca de nuestra vieja, nos meten en cuatro paredes transparentes (la incubadora). Ya está, nos deberíamos haber hecho hombrecitos y mujercitas, en poco tiempo en el mundo real experimentamos la pérdida en menos de un día.

Pero no. Crecemos, nos hacemos amiguitos en el jardin del barrio o en el barrio mismo. Por decisiones de nuestros mayores, muchas veces dejamos de ver aquel amigo que era nuestro compinche en todas las diabluras. Seguimos adelante, y se nos muere la mascota. Ahi experimentamos concientemente la pérdida, y lo peor es que ni siquiera estamos del todo preparados.

Hay pérdidas más jodidas, feas y dolorosas, que probablemente cuando nos llegan tampoco estamos preparados. En fin, algo que es natural, que nos pasa constantemente en el vivir diario pero que no nos acostumbramos a sentirlo, siempre nos incomoda y nos deja mal parados.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Thank you - Led Zeppelin

Una versión notable de un temazo...
Especial atención al solo de guitarra! Sugerencia: escuchar a todo volumen