miércoles, 1 de diciembre de 2010

Notas de un bancario posmoderno

Cuando llegan estas fechas, las despedidas, los balances, fin de año, nos sentimos un poco cansados. Nos levantamos y no nos queda otra más que ponernos el combo traje-corbata (aunque con 30º grados el nudo apriete mucho más de lo que esperabas). Salimos de nuestra casa o del club y el celular suena: tu esposa, tu hijo/a, novia, tu suegra, tu madre, la chica que trabaja en tu casa o tu jefe. Es fin de año, nos gustaría caminar en la rambla o descansar en una playa.


Pero voy a dejar los fatalismos a un lado y como le dijo a un amigo, un amigo caribeño: "Si miras el otro lado de la luna, verás que todo no es tan malo". Para un bancario, la cara de felicidad de un cliente es la contrapartida de todo lo que hablé en el párrafo anterior. Cuando le damos un préstamo a una pareja para que compre su casa, su primer auto, para que le dé una mejor educación a su hijo o un préstamo a unos jubilados para que conozcan a sus nietos españoles, es ahí cuando siento que nuestra labor es realmente gratificante. En este tipo de momentos es donde aquella vieja frase de que el trabajo nos dignifica a todos, toma una dimensión importante en nuestro ser profesional. Trabajar, si no nos regala este tipo de momentos es tan aburrido y monótono como vivir sólo en una selva, sin interacción.


Y del concepto de interacción es del que quiero que reflexionemos como bancarios. Tal vez nuestro trabajo no es arte y tiene un montón de formalidades que a esta altura del año nos cansan, no se basa en salvar vidas, tampoco en defender al más débil, pero por suerte siempre hay un PERO. Lo lindo de nuestro trabajo está en poder conocer gente, en interactuar, hablar de amigos, de fotos, de hijos, de sobrinos, de nietos, de música o de macroeconomía, y es ahí de sopetón que veo el otro lado de la luna, ese que hablaba el caribeño. Entonces quizás nuestro trabajo no sea tan aburrido, ni tan formal, porque se basa en la relaciones humanas y se vuelve algo trascendente para todos. Nos da "algo" que está más allá de factores intangibles y de clearings, se trata de personas, clientes, compañeros de trabajo, amigos o simplemente gente de la que podemos aprender cosas valiosas.

martes, 9 de noviembre de 2010

De Sauce al 300


Me encontraba en el pequeño pueblo de Sauce. A poco kilómetros de Montevideo, un pequeño pueblito de gente amable vive su día de intensidad. Es sábado, son las 11:00 de la mañana y la gente de Sauce copa las calles. Hacen casi 20 grados, estoy desabrigado, la noche anterior un taxista me dijo que mañana -este día- van a haber 26º. El montevideanito estaba de chancletas y remera haciéndose el lindo, craso error. Acompaño a mi novia y a su madre a la feria de Sauce, la cual tenía el largo de una cuadra; allí podría encontrar desde botas retro hasta chicles vendidos por unidad, desde todo punto de vista, un sitio muy folklórico. En una de nuestras paradas por los puestos, nos detuvimos a comprar bocaditos para el copetín. Nunca en mi vida me habían dado palichips, papitas y maníes en una bolsa de nylon transparente. En ese instante me dije, "pibe te falta interior", de hecho no es ninguna conclusión brillante; pero en ese instante una sensación auditiva me volvió a uno de mis habitats naturales cada vez que tomo un bondi para ir al destino que quiera. Un chico de Sauce, o saucense, de unos 13 años tenía un celular de los lindos y a todo volumen se sentían las cumbiolas más bailadas acá... "Mujer yo te amo"... "La noche está para un finito..." Era la banda sonora de mis viajes en el 300, pero no, cada vez que miraba estaba en una feria de pueblo del interior.

sábado, 2 de octubre de 2010

Brutilda

Busco en mi cabeza el primer recuerdo que tengo de vos. Es borroso y no estoy seguro de que seas esa persona. Morocha, más bien petisa y rellenita; con una taza de café (infaltable) y lavando el instrumental. Yo, volvía del club, pasaba a saludar a mis abuelos, y los 4 tomábamos un Vascolet con galletas Soler.

El otro recuerdo que tengo, es de una casona en 8 de octubre, donde mamá y papá nos dejaban cada vez que tenían una fiesta. Me acuerdo de las potreadas. Pobre Tana, bancaste en el lomo el peso de 2 mocosos que fantaseaban con ser Jinetes y estar frente a las masas de la Rural del Prado. El resto de los recuerdos que tengo son más recientes, más jugosos. Me acuerdo de ser un preadolescente y enojarme constantemente con vos por llamarme "Patrón". Qué malhumor me agarraba. Me acuerdo de vos hablando con las plantas, hablando con un pollo, quejándote de las medias blancas y el fútbol, diciendole al estractor: "callese que me tiene cansada" y del infatable canto gregoriano:

"Señor, me has mirado a los ojos..."

Sin lugar a dudas me acuerdo mucho más del día que te quebraste. Por ¿bruta?, o por mala suerte te llevaste puesto un trapo en el piso y volaste. Quebrada, yo era un novel frustrado estudiante de medicina y tuve que hacer asistencia básica. Me acuerdo de las aspiradoras, un capítulo aparte en tu vida acompañándonos en esta casa, de ahí vino ese sobrenombre tan: Brutilda; hubo una en particular que hiciste pelota en menos de 1 año. Son muchos recuerdos, muchos años juntos, creciendo, peleándonos, charlando, tomando café por las tardes.

Hoy te vas a tomar ese merecido descanso, a disfrutar del jubilo, ese es el sentido extremo de la jubilación: hacer las cosas que te gustan con todo el tiempo del mundo a disposición. Sólo te pido 1 favor, no agarres de hobbie clases de canto gregoriano, creo que a lo único que no te voy a poder acompañar.

Acá dejás una casa con los niños crecidos, con los patrones viejos, pero una casa en la que podés venir, entrar, volver y ser esa pieza indispensable para nuestro funcionamiento, o cambiar y ser esa abuela que de sangre no te tocó ser, pero de corazón para todos los que vivimos acá sos.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Freelancer



Hace unas semanas que me dedico al trabajo freelance. De verdad, cuando comencé, no tenía muchas expectativas en esto, es más lo veía como algo transitorio. En todo caso, cada vez que alguien me hablaba de que vivía de freelo en freelo, yo pensaba que a ellos las empresas los agarraban como "condoncitos", hoy te uso, mañana te tiro (que condón de uso prolongado pensarán algunos). Pero a medida que pasan los días, las cosas cambian, se vienen más y más trabajos y se vuelve un tanto adrenalínico, es como no saber que va a pasar mañana o la semana que viene. Por suerte, por ahora me vengo llenando las semanas. Ayer charlaba con 2 amigos que me decían en qué se basaba su trabajo. Uno de ellos, economista, me decía que lo fundamental de su trabajo es que sus clientes ganen más y más plata. Otro de mis amigos, que es Ejecutivo de Cuentas en una reconocida agencia del medio local me dice, "yo todos los días busco la forma de ser más efectivo y eficiente en mi trabajo. Hacer más cosas en menor cantidad de tiempo". Ahí me asusté. Yo les comenté a los 2, cada día que me levanto mi único objetivo laboral es hacer cosas que me gusten a mi, que las termine y diga: "Sebastián, te quedó lindo, la puta madre". Se ve que puse cara de romántico, ambos me miraron con cierta envidia. Sí, mi actualidad es romanticista, completamente adolescente, donde yo soy mi jefe (generalmente). Lo único que me deja tranquilo es eso, por ahora hago lo que me gusta, algo que ninguno de mis dos amigos me describió en su trabajo diario. Habrá más o menos plata, pero hacer lo que "a vos te guste" creo que no tiene comparación.

PD: les dejo parte de mi primer campaña freelance

jueves, 9 de septiembre de 2010

Con un nostalgico

Me quedan 2 días en el laburo, y parece para los dueños de acá que renunciar es mala palabra, como resultado, me pijotean todo lo que pueden. Ayer, a las 5 de la tarde me mandan a editar un spot para que esté pronto a las 7 para traficar. Voy y vuelvo corriendo, lo hago, como lo hice durante 1 año y medio acá. Hoy, a las 3 de la tarde me mandan a Marindia y a Lagomar a sacar fotos. En principio me hirvió la sangre y me subió el malhumor, pero cuando me subí al auto con Luis (el fotógrafo) y vi lo que era el día realmente me despreocupé. 20 º, tarde soleada y Luis Pereyro de compañía. 55 años marcan su piel, su voz y su experiencia de vida. Fotógrafo (de modelos) y playboy, un nostálgico de la música en inglés (así define la música de su época) y de bailar pegados. Miro bien, y Luis me trae al palo con temas de los 60 y 70... Nos ponemos a hablar de música, me entra a tantear si sé algo. Un poquito sé, pero me pasa el trapo; la galería de temas que escuchamos rumbo a Marindia fueron una locura. Le robo su pen drive musical y me lo copio, pienso enseguida: "Encara este nostálgico". Nos bajamos a hacer las fotos que me mandan de la empresa, y la "modelo" dice no estar de humor, que está lavando los pisos de su casa y que no puede. Inédito.
Ahora emprendimos viaje a las tierras de la Lagomar. Teníamos que fotografiar a Marina, una mujer muy natural. Ella se sentía así, y nos los repetía sin cesar a mí y a Luis mientras le tomábamos fotos y tratábamos de dejarla estética. Nos quiso vender inciensos y un gong budista (sí, está bien colifa). En la vuelta, seguimos escuchando temazo, que el DJ Pereyro ponía. Llegamos a un lento muy conocido, y acá Luisito demostró porqué es un nostálgico y porqué fue un playboy."Pibe, ¿entendés?, esto era divino. Con una lenta, lo nuestro era bailar apretaditos, era un olor a perfume, hablarle bajito al oído, era arrimarte y tratar de darles un besito en el cuello. Ahora todo es más vulgar, y el que diga lo contrario no entiende nada."

viernes, 27 de agosto de 2010

Ojos

Como lo hacía cada viernes, venía de modo un ondulante por la fiesta y paseaba su desfachatez. Acompañado siempre de una rubia o una morocha en su mano, nunca le importó mucho lo que veía el resto, lo único que cuidaba eran sus formas de acercase a ellas. Pero cuando llegó a ese subsuelo tan particular, en busca de una agradable compañía, una mirada penetrante lo acorraló. Se dijo a él mismo, "cae hoy"... Se acercó, ella tenía una sonrisa impregnada. Hablaron un rato, la rubia y la morocha lo traicionaron, no pudo acordarse de su nombre ni de su número. Partido perdido hubiesen pensado muchos, pero la mirada y la sonrisa pudieron más. Se comió todo su orgullo y se acercó de una forma poco ortodoxa: "Amiga que no me acuerdo tu nombre...". Todavía no sabe cómo funcionó esa forma de acercarse. Siguieron charlando mucho rato. Ahora sí, sabía su nombre, su teléfono y quería conocerla. Después de media hora no quiso sacarle sólo un beso, quería conocerla bien y sacarle besos varios. Para evitar desmanes se fue, con su teléfono y su nombre entre manos. Se acordó de esos ojos apenas se levantó. Como todos los sábados a las 3 de la tarde saltó de la cama, pero a diferencia de los otros, en vez de almorzar y mutar frente a la TV, empezó a cranear ese mensaje para que ella acceda a volver a verlo. A las 9 de la noche le escribió y a la semana se volvieron a ver...

miércoles, 11 de agosto de 2010

Bon voyage


Si será caprichosa la vida. Nos conocimos por otros amigos, muchos de éstos, hoy en día ni siquiera frecuentamos. Pero la sintonía fue instantánea. Con una pelota de por medio, siendo los dos zurdos de buen pie, hicimos ganar más de un partido a la muchachada sanluisera contra los Zapatudos y los Mampas. Pero lo que sería una gran amistad no fue tan rápida de amalgamar.
Teníamos una competencia moral de quién era el mejor en el padell, en el fútbol, en el ping pong, etc... En lo deportivo siempre estuvimos un lustro arriba del resto (modestia aparte).
Una tarde decidimos juntos ir a probarnos a Nacional U. Antes de entrenar nos juntábamos en lo de la abuela a inventar jugadas, formas nuevas de tirar caños, aprediendo mucho, uno del otro - cabe destacar que con los años te quedaste con el galardón del mejor-. Ahí creo que nació algo. Después vinieron el Tincho, Renzo, Vantix, Fabric, Coyote, W, New York, 3 perros y los veranos eternos en Mirasoles; Hans, el Bistu y el Diegote; los veranos en el Do it. Lo que pasó después es de una difícil explicación. La vida se puso caprichosa de nuevo y nos empezó a separar. Las distancias por momentos son muy grandes, y no lo digo solo por el kilometraje terrestre que nos separa ahora. Lo único que me gustaría es que pienses estando allá lejos y no te equivoques más, 25 años te van hacer un hombre y cada día que pasa el margen de error, que tenemos todos, es mucho más chico. Esas decisiones van a correr solamente por vos. Ojalá te cuides, por vos y por todos los que dejaste acá esperando por que encuentres tu lugar en el mundo donde madures y seas feliz. Buen viaje...