viernes, 16 de octubre de 2009

Hombrecito


La ambigüedad se hace la viva y nos toma el pelo. En las líneas que siguen les quiero mostrar un ejemplo de cómo la ambigüedad nos "pijea".
El niño crece y desarrolla su alter ego, ese que le da cierto tipo de felicidades, que lo llena y lo hace sentirse un hombrecito. Cuando crece, se olvida de este (su alter ego), lo deja de lado y capaz que hasta lo traiciona. Piensa que es una reminiscencia de lo más instintivo del humano, de ser así nunca podría ser adulto... Es acá cuando comienza a darse el fenómeno de la ambigüedad. Se enfrenta a cierto tipo de situaciones que le hacen plantearse la cuestión de añorar a su alter ego. En situaciones "malas" lo extraña y mucho; le gustaría tener un poco de la desfachatez, de lo descarado, de lo mucho que se quería ese alter ego.. El hombrecito a veces añora el "yo" del pasado y lo idealiza sólo por unos minutos, por unos días.

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